5 verdades incómodas detrás de la “nueva” frontera energética
El espejismo del progreso
La narrativa oficial en México ha presentado históricamente la explotación de hidrocarburos como el motor indiscutible del desarrollo nacional. El pasado 24 de febrero de 2026, la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de un grupo de expertos para evaluar el fracturamiento hidráulico (fracking) en yacimientos de “geología compleja”. Sin embargo, para las comunidades del Totonacapan y la Huasteca, este anuncio no es una invitación al debate científico, sino una sentencia a profundizar el sacrificio de sus territorios. Mientras el discurso gubernamental intenta suavizar la técnica bajo eufemismos técnicos, los pueblos indígenas denuncian que lo que se presenta como una “nueva evaluación” es, en realidad, la continuación de un despojo que ya suma décadas de daños irreparables.
El “secreto” de 20 años: No es nuevo, es clandestino
Contrario a la idea de que el fracking es una frontera tecnológica por explorar, en México esta técnica se practica de forma clandestina y sin consulta previa desde 1996. El epicentro de esta actividad ha sido el municipio de Papantla, Veracruz, bajo el proyecto denominado Activo Aceite Terciario del Golfo (ATG).
Los datos recolectados por organizaciones como CORASON y la Alianza Mexicana contra el Fracking son contundentes: en Papantla existen 2,055 pozos, y para el año 2022, en el 56.8% de ellos ya se había aplicado el fracking. La técnica se ha utilizado al menos 6,514 veces entre 1996 y 2016.
“Así como hoy evitan pronunciar la palabra maldita del ‘fracking’, hace más de veinte años, los gobiernos neoliberales también nos ocultaron y no nos informaron de qué se trataba la técnica ni de las múltiples afectaciones que implicaría”.
Este uso de términos como “geología compleja” no es casualidad; es una táctica lingüística para evadir la responsabilidad social y saltarse el derecho a la consulta libre, previa e informada de los pueblos originarios.
Sed insaciable y sismos antropogénicos
El fracking es una técnica depredadora del agua. El proceso consiste en perforar pozos verticales y luego horizontales para fracturar la roca de lutita inyectando una mezcla de agua, arena y sustancias químicas a presiones extremas.
- Consumo desmedido: Los pozos actuales pueden consumir hasta 80 millones de litros de agua, un aumento exponencial respecto a los 9 millones que se requerían originalmente.
- Contaminación química: Se inyectan mezclas que contienen benceno, metanol y materiales radiactivos como el radón. Esta agua queda fuera del ciclo hidrológico para siempre; no puede ser tratada y se inyecta en los llamados “pozos letrina”.
- Sismos provocados: La industria utiliza estos pozos de inyección para deshacerse de los desechos, lo que desestabiliza fallas geológicas. Se ha documentado la aparición de sismos antropogénicos de hasta 5.7 grados en regiones que anteriormente no tenían actividad sísmica, como ocurrió en Youngstown, Ohio.
El tejido social fracturado: Violencia y enfermedad
La industria del fracking no solo rompe la roca; fractura la estructura social. En las “zonas de sacrificio” del Totonacapan, la llegada de esta industria ha servido como campo de cultivo para el crimen organizado, la desaparición de personas y los feminicidios. Los defensores del territorio y autoridades locales —especialmente mujeres— que levantan la voz contra Pemex enfrentan intimidación, persecución y criminalización.
En el ámbito de la salud, las consecuencias son devastadoras y están directamente ligadas a la operación petrolera:
- En la comunidad de Emiliano Zapata, la contaminación del agua ha provocado enfermedades de la piel en niños.
- Existe un 66% de probabilidad de padecer cáncer asociado específicamente a la contaminación atmosférica generada por los pozos.
- Se han documentado abortos espontáneos, enfermedades respiratorias crónicas y afectaciones psicosociales debido al ruido ensordecedor de las turbinas y el miedo constante a un incidente mayor.
El costo cultural: La muerte de la vainilla y el agua
Para el pueblo Totonaca, el agua está regida por Aktsiní (el dios del trueno y la lluvia). Ver cómo de sus pozos artesianos brota crudo en lugar de agua limpia es vivido como una tragedia espiritual comparable a la muerte de un ser querido. Esta realidad ya golpea a comunidades específicas como Reforma Escolín, Emiliano Zapata y Ojital Viejo.
La Vainilla de Papantla (con Denominación de Origen) está en peligro de extinción. El fracking acelera el cambio climático local mediante fugas de metano, un gas 86 veces más potente que el CO2 en el corto plazo. Esto genera sequías prolongadas que destruyen los cultivos en lugares como Ojital Nuevo. Existe una contradicción cruel: mientras el gobierno impulsa el programa Sembrando Vida, en comunidades como Rafael Rosas los derrames constantes de crudo secan y matan la tierra, destruyendo la soberanía alimentaria.
El mito de la rentabilidad: Un negocio de pérdida energética
Desde la perspectiva económica, el fracking es una apuesta fallida sustentada en la especulación financiera:
- Inviabilidad: En Estados Unidos se reconoce que el 80% de los pozos fracturados no son rentables debido a sus altas tasas de declinación (hasta el 52% anual).
- Pobre rendimiento energético: Mientras los proyectos convencionales rinden 20 unidades de energía por cada una invertida, el fracking solo genera 5.
- Costos exorbitantes: En México, la complejidad técnica eleva el costo de cada pozo a cifras entre los 20 y 25 millones de dólares.
¿Hacia dónde vamos?
La postura de organizaciones como CORASON y la Alianza Mexicana contra el Fracking es firme: “No hay fracking seguro ni sustentable”. La apuesta por esta técnica es una distracción que desvía recursos urgentes de una verdadera transición hacia energías renovables.
Continuar con el fracking bajo cualquier nombre técnico implica ignorar el desastre ambiental y social documentado durante dos décadas en el Totonacapan. La pregunta final es para todos nosotros: ¿Es válido el argumento de un supuesto beneficio energético de la nación a cambio del sacrificio de la salud, la seguridad y la existencia misma de la cultura Totonaca?


